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Reflexión: Vuelo nocturno

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Una noche, un avión cruzaba el océano Atlántico. Los pasajeros estaban disfrutando de la cena, se escuchaba una música suave y la atmósfera era relajada y serena. De pronto, los sistemas de comunicación y dirección del aparato fallaron y el panel se quedó en blanco.

El ingeniero de vuelo no pudo reparar la avería. El piloto se sintió presa del pánico. ¿Cómo iba a conseguir llegar a su destino? Estaba sobrevolando el océano en una noche oscura sin señales que le guiaran. Pidió a la azafata que averiguara si entre los pasajeros había algún experto en electrónica.

Después de unos instantes de ansiedad, entró un pasajero en la cabina.

¿Es usted experto en electrónica? preguntó el piloto.

No, señor respondió el pasajero. No sé absolutamente nada de esas cosas.

Entonces, ¿qué está usted haciendo aquí? preguntó el piloto.

Dígame cuál es el problema. Quizá pueda ayudarle indicó el pasajero.

El piloto gritó furioso:

¡Si no sabe nada de electrónica, salga de la cabina! ¡No me sirve!

El pasajero dijo serena y cortésmente:

Dígame, por favor, cuál es el problema. Creo que puedo ayudarle.

¿Es que no lo ve por sí mismo? saltó destemplado el piloto. Todos los instrumentos han dejado de funcionar. No sabemos dónde estamos. Nos encontramos perdidos sobre el océano en medio de la noche.

Bien, pero yo puedo ayudarle. dijo el pasajero. Conozco algo que nunca falla. No ha fallado nunca en el pasado ni fallará en el futuro.

El piloto clavó en él su mirada incrédulo:

¿De qué está hablando? preguntó.

El cielo, amigo repuso el extraño. Las estrellas nos guiarán. Muéstreme su mapa de ruta sobre el océano y nuestro punto de destino.

El pasajero, una persona de aspecto corriente, era astrónomo. Se sentó junto al piloto con el mapa en su regazo y los ojos clavados en el cielo. Firme y hábilmente, dirigió el vuelo del piloto. Al amanecer, el avión aterrizaba puntual en su destino.

Podemos aprender a no confiar únicamente en la tecnología y en lo material para resolver todos los problemas de la existencia humana. Los científicos y técnicos no poseen por sí mismos la clave de nuestra salvación. Tenemos necesidad también de otro tipo de conocimiento, quizá más espiritual, aquel que nos haga elevar la vista al cielo y contemplar otras realidades divinas. Para alcanzar nuestro destino tenemos que alzar los ojos por encima de las realidades terrenas y consultar las señales celestes.

Autor: Desconocido

«Los mayores logros de la mente humana, generalmente se reciben con desconfianza.»

-Arthur schopenhauer

 

 

 

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